¿Qué vinos tomé esta semana? (322)

Viernes 28 de mayo
Invitado a un asado, para festejar el cumpleaños del dueño de casa, para acompañar las carnes, ensaladas y el paté casero que yo llevé, se consumieron los vinos que pasaré a detallar, junto con una botella de espumante tamaño magnum que aporté para el brindis dada la cantidad de concurrentes.
Al llegar y para acompañar mis patés, además de otros platos fríos, ya estaba abierta una botella de Angélica Zapata Malbec Alta 2000, de la bodega Catena Zapata. Afortunadamente pude saborear las últimas copas de este vino, que ha marcado diferencia desde su creación en nuestro mundo del vino.
Este en particular es en cierta manera el icono de la bodega y el objetivo a imitar de todas las que surgieron después. Dado que ya llevaba diez años de botella, este vino no poseía una personalidad fuerte, pero si mantenía otros atributos y le otorgó un toque caballeresco a su esencia.
Observé un color rubí oscuro con marcado borde amarronado. En su aroma solo encontré la suave fragancia de los frutos rojos maduros. Evidentemente la madera ya había desaparecido. Durante su paso por boca, disfruté de su untuosidad, delicadeza, madurez y encanto. Un vino que valió la pena.
Después llegaron más comensales, y algo caliente para picar. El vino que le siguió fue un Marcus Gran Reserva Cabernet Franc 2008, de la bodega Humberto Canalé de Río Negro.
Otro vino de primer nivel, de un color rubí brillante, con un fresco aroma a frutos rojos, además de un toque de vainilla mezclado con algo dulce, como una jalea de membrillo. En su paso por boca noté una casi imperceptible astringencia que se disipó con los primeros bocados. Su delicadeza, elegancia, apetecible, muy bueno, fue ideal cuando hizo contacto con las carnes, pero lamentablemente se acabó.
A continuación llegó el primer vino salteño cuando la parrilla, la mesa y la reunión estaban a pleno: Ciclos Icono 2005 de la bodega El Esteco.
Un blend compuesto de un 45% Cabernet Sauvignon, 38% Malbec y 17 % de Syrah, su color es rojo rubí oscuro. En su aroma predominaban los frutos rojos maduros, algo de madera pero suave. En boca pude notar que la guarda a la cual fue sometido apaciguó sus taninos y carácter impulsivo que suelen tener los vinos de ese terruño, por lo cual se convirtió en un vino amigable, delicado, de gran calidad que permaneció poco tiempo en las copas de todos.
Como último tinto apareció una de las pocas botellas que deben existir de Palo Domingo 2001, el blend insignia de la bodega Domingo Hermanos, que también se halla en Cafayate, específicamente en Yacochuya.
Este vino, de producción limitada, de la cual esta fue su primera edición, concebido en honor al fundador de la bodega, está compuesto por 60% Malbec, 30 % Cabernet Sauvignon y un 10% de Tannat. Esta poderosa mezcla, dio como resultado un vino de color rojo rubí oscuro, con un borde que ya es de color ladrillo dado los años que lleva añejado. Su aroma contiene algo de frutos rojos maduros, un toque suave de madera remanente, en boca ya perdió la agresividad que tenía hace unos años atrás cuando lo probé por primera vez. Ahora es más elegante, señorial, delicado, untuoso, excelente, que se deja disfrutar.
Llegó el postre, una tarta de mouse de chocolate blanco y negro cubierta de pequeños frutos del bosque. Este fue el momento apropiado para abrir la botella que aporté, Alma Negra Magnum, un espumante de Chardonnay de la bodega Alma Negra Wines de Ernesto Catena.
Este espumante, que ya había probado hace un tiempo pero no en esta presentación, tiene un color dorado muy claro, con unas burbujas muy finas que forman poca espuma. Su aroma es el característico de la cepa, una suave fragancia cítrica, con una leve brisa de a vainilla. En boca es suave delicado, de buen paso, fresco, muy agradable, fue consumido rápidamente.
Dado que los invitados seguían sedientos, el anfitrión se vio obligado abrir otra botella de espumante, siguiendo con la misma bodega, pero de la línea Animal, ahora su Espumante rosado elaborado con Syrah.
Cuando se presentó este producto, yo lo probé y no me gustó, en esta ocasión me pareció agradable, de un color rubí muy claro, con bastante espuma y burbujas casi imperceptibles. Posee un fresco aroma a cerezas, de paso liviano por boca, interesante, delicioso.
Y aquí terminaron los festejos. Ya era casi la madrugada.
Hasta la próxima cena o botella.

Samuel Julio Hirsch

El vino tórnase bueno cuando resultaba nuevo, duro y áspero, pero se sostiene aquel vino que ya en el lagar era agradable. Séneca (4ac-65)

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