¿Qué vinos tomé esta semana? (181)

Domingo 14
A la noche, en vísperas de un feriado, organicé en mi casa una cena con varios amigos. Mientras llegaban todos los invitados, picada mediante, comenzamos con Ique Malbec 2007 de la bodega Enrique Foster.
Este es un vino del estilo de los llamados vinos jóvenes, que no tiene paso por madera, su color es un rubí vivo, su aroma expresa muy bien la presencia de frutos rojos, en boca es suave, con cuerpo sin astringencia, muy agradable, ideal para este tipo de ocasión o para una comida sencilla.
A continuación pasamos al Uxmal Malbec 2008 de la bodega del mismo nombre perteneciente al grupo de bodegas de Nicolás Catena. Un vino de color rojo oscuro con tonos violáceos, su aroma contiene frutos rojos maduros, en boca es suave, con personalidad, están representados sus aromas a través de su paso, tiene la presencia de taninos en forma amable, inclusive con un dejo dulce. Un vino agradable, fresco, frutado, con carácter, una excelente opción, buen representante de la cepa con un medido paso por madera.
Una vez en la mesa, mientras nos preparábamos para comenzar a deleitarnos con una comida, que en cierta manera es una tradición en nuestra familia, Bourguignonne (Fondue de carne).
Este plato es muy sencillo: se corta carne en pequeños trozos, en esta ocasión utilicé pollo, cerdo, lomo y cordero, y con un pincho se cocinan en una cacerola con aceite de caliente y se sazonan con diferentes salsas. Elaboré varias, una de hongos Shiitake y cebollín, otra de ciruelas, limón y jerez, una de ciboullet, crema y curry, otra de jengibre con miel y manzana, y algunas más.
Pero antes de empezar serví un risotto con hongos italianos (Funghi Porcini). Para acompañar este plato tenía ya listo un vino acorde en el decanter, Occasionale 2003, un blend de la bodega Nieto Senetiner.
Este vino está elaborado con un 34% Ancellota, 34% Bonarda y un 33% Syrah, además de pasar 18 meses por barricas de roble. Debido a esta fuerte combinación de cepas de origen italiano, me pareció que sería optimo para ser maridado con un típico plato de la cocina italiana.
Una vez que reposó un rato el vino, lo serví. Tenía un color sangre brillante, muy llamativo por los años que tiene, su aroma tenía una importante presencia de frutos rojos, en boca era majestuoso de mucha delicadeza, sin astringencia, muy elegante, ideal para este maridaje, un vino que se dejaba tomar copa por copa. Lamentablemente esta quizás es una de las últimas botellas que quedaban, según me contó el sommelier de la bodega, cuando lo compré hace casi cuatro meses atrás.
Este era uno de esos vinos difíciles de olvidar e igualar, así que a continuación, abrí una botella de Monteagrelo Malbec 2006, elaborado por Walter Bressia en su bodega.
Esta es la primera vez que tomo este vino, aunque ya he probado otros vinos creados por el señor Bressia. Tal como ha sucedido en otras ocasiones, me encontré con un vino de altísima calidad.
Para quienes no conozcan a Walter Bressia. tienen que imaginárselo como uno de aquellos caballeros hidalgos y esa es la imagen de sus vinos, elegantes, dignos, señoriales. El que tomé en esta ocasión lo ratifica, lo pasé al decanter un rato antes de ser degustado, y realmente tiene gran potencial.
Su color es un rojo oscuro, su aroma denota su paso por madera, pero en forma leve; también están los tradicionales frutos rojos de la cepa, bien potenciados. En boca es majestuoso, óptimo para acompañar las carnes que se sirvieron, y competir con las salsas. No tenia astringencia pero si buen cuerpo, es lo que a veces se llama un vino redondo.
Cuando tengo la oportunidad de tomar dos vinos tan sublimes como los que tomé me doy cuenta que afortunado so. Es cuando se disfruta plenamente lo que se hace, en especial después de pasar tantas horas en la cocina, el beber uno de estos vinos parece una recompensa
Una vez que pasamos a los postres, abrí como es de costumbre para estas ocasiones, un tardío: Cosecha Tardía Semillón 2005 de la bodega Del Fin del Mundo.
Tiene un color dorado claro con leves tonos verdes, sus aromas son obviamente dulces, combinados con cítricos y hasta parece tener algo como una mermelada. En boca es suave, no es empalagoso, es fresco, frutado muy agradable.
Para el final, un espumante, y como estamos con la moda de los rosados, abrí una botella de María Codorniu Rosé de la bodega Séptima, elaborado con Pinot Noir. Tiene un color carmesí claro, pocas burbujas pero finas, posee un aroma a guindas y en boca es algo seco. No tiene mucha personalidad, si bien es agradable. No es un producto que volvería a comprar.
Hasta la próxima cena o botella.

Samuel Julio Hirsch
Existen tres caminos a la ruina: El vino, las mujeres y los tecnócratas atrapados entre el ser y el deber ser.
Georges Pompidou (1911-1974)

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